EL DIÁLOGO SILENCIOSO

Cojo el móvil y pongo una canción de Dido, por ejemplo don’t leave home. El cielo se ilumina poco a poco aunque el sol todavía no ha salido. Salgo de la tienda de campaña y mis pies descalzos reciben la punzante sensación de una hierba helada cubierta por el rocío. Bostezo y me estiro como si de un gato se tratase. La mesa y las sillas se encuentran en la misma posición de a noche. Solo un intrépido saltamontes verde al que le falta una pata se atreve a apoyarse en el centro de la mesa como si quisiera llamar mi atención ante su fatídica situación. Cojo al saltamontes con ternura y miro como sus patas repletas de pelos se agarran a mi mano intentando trepar por mi brazo. Lo llevo a la parte trasera del camping y lo suelto en una pradera llena de vida donde el sonido de los cencerros de las vacas parecen decirme que no me preocupe, allí estará bien. Vuelvo a mi parcela y observo en la lona de la tienda miles de pequeñas gotas de rocío condensadas y pienso en la similitud que eso tendría con el universo. Nosotros nos encontraríamos en una diminuta gota, casi inapreciable, cerca de una de las cremalleras de la puerta principal, el resto de las gotas simulan nuestra constelación. Y pensar que en cada una de las tiendas que acampan mas abajo podrían representar una galaxia y que en cada galaxia habría una alta probabilidad de encontrar un planeta con vida es una idea que me estremece. Abandono esa idea ya que me sobrepasan esas magnitudes a esas horas de la mañana. Me siento en las sillas de aluminio gélido, los cojines de colores que intentan hacer mas cómodo el asiento están también empapados. Decido sacar un taburete seco de dentro del avance. Sin darme cuenta el sol ya se ha aventurado a dejarse ver en el horizonte. Su color anaranjado, vivo, radiante, cálido ilumina las praderas del camping con un tono mágico, el color del comienzo de un nuevo día. En el océano que se extiende ante mi parece haberse edificado una autopista en cuestión de segundos, de color anaranjado y ondulante por el movimiento tranquilo de las olas del mar. Esta autopista me conecta a mi con el infinito. Maravillado ante el espectáculo cotidiano de la naturaleza y disfrutando de las suaves melodías de la música, comienzo a percibir un ligero olor a humedad. El rocío comienza a evaporarse. Mi mundo imaginario, planificado en la lona de la tienda de campaña, comienza a desaparecer. Me sonrío ante la idea de que la próxima mañana volverá a aparecer y seré yo el dueño de esa idea tan adimensional y perfecta.

El disco ha terminado curiosamente con la canción see the sun de Dido también. No hubiera podido elegir mejor la música para un momento tan especial. Todavía me acompaña el cansancio y decido volver a la tienda, donde un calor húmedo como el de una sauna me recibe mezclado con olor a plástico caliente. Te veo durmiendo y sin despertarte me meto entre las sabanas contento. Noto el calor de las sabanas que me saluda y me invita a rozarme con ellas. Tus pies ardientes se retiran apresuradamente al tacto con mis pies húmedos y fríos Haces un sonido imperceptible y te das media vuelta, me has detectado. Yo ya he entrado en calor y no me hace falta nada mas en este momento, tengo todo lo básico para ser feliz. Intento contenerme pero un sentimiento de euforia recorre mi cuerpo haciéndome tiritar, supongo que de la emoción de descubrir que poco a poco todo en mi vida se ha ido colocando, incluso sin darme cuenta las piezas se movían alineándose en una posición mas cómoda para mí.

El cansancio y el calor me envuelven en un sueño profundo. Noto como si cientos de manos me acariciaran suavemente, voces me susurran melodías celtas, ellos me trasladan levitando hacia otra dimensión impredecible, la dimensión de los sueños. Esa dimensión yo siempre he pensando que se encuentra entre la realidad y aquello que no podemos alcanzar, el nivel mas superior que pueda existir, del que venimos y hacia el que vamos. Me dejo mecer, mi cuerpo flexible y moldeable va y viene en un estado de ingravidez. Vuelo a través de los acantilados con los ojos cerrados, cambio de dirección y alcanzo las cumbres mas altas, veo los picos todavía anaranjados por el amanecer. A mi lado vuela un ave que no consigo identificar pero cuya compañía me resulta familiar. Me elevo en el cielo y me veo durmiendo, acurrucado entre las sabanas, desde cientos de metros de altura. Una mano roza la mía que se encuentra extendida. Miro hacia mi izquierda y no me sorprendo al descubrir que eres tu quien me sonríe, sujetando mi mano con firmeza y determinación. Hacemos un pacto silencioso, nuestras miradas se conectan comenzando un dialogo sin palabras. Danzamos en el aire, livianos, comenzamos a girar y poco a poco comenzamos a descender. Veo un reflejo de verdad y sinceridad en ti. No podría describir que era exactamente lo que me querías transmitir pero sé que tu gesto tranquilo, sereno, ligeramente sonriente y tu mirada intensa me prometía acompañarme para siempre en esa danza que solo tu y yo sabemos bailar.

Un golpe de calor me hace torcer el gesto. Ahogo un bostezo sonoro entre la almohada. Tu ya te has despertado y me miras exactamente igual como lo hacías escasos momentos antes. Nos abrazamos comprendiéndolo todo pero sin decir ni una palabra. Un nuevo día ha llegado porque yo estoy contigo.

No hace falta decirte nada más, ya lo sabes todo.

DESPUÉS DE ESTOS TRES DIAS

Estoy cansando y realmente no tengo muchas ganas de escribir. Se me están empezando a llenar el portátil de historias inacabadas. Algunas de las historias las empiezo con muchas ganas, pero a medida que desarrollo el argumento me decepciona y lo dejo. Imagino que son historias que no merecen la pena ser escritas.

Ayer nada mas llegar de Asturias, y con todo el cansancio que ello conlleva, me puse a escribir una historia que me vino a la mente en el coche, a la altura de Palencia. La historia que se dibujo sin esfuerzo en mi mente trataba de como una persona que creía tener todo en la vida se da cuenta de que le falta lo mas importante. En este caso pensaba en un personaje admirado por todos, el cual era consciente del impacto que provocaba en los demás Todos admiraban su vida aparentemente perfecta, pero el personaje descubre viajando en el metro que le falta algo. En el vagón se le cae a alguien una revista y ella la recoge con la intención de devolvérsela El propietario del semanal estaba roncando, así que ella decide dejar la revista sobre un asiento. En la portada de la revista ve a un niño de una intensa mirada que clava sus ojos en ella. A partir de este momento decide emprender un viaje para encontrarse consigo misma y empieza a descubrir su propia realidad, es decir, empieza a conocer a todos aquellos que la rodean. Los problemas de los demás ahora ya no la pasan de largo, es mas, se implica activamente para intentar echarles una mano.

Todavía es un prototipo de historia que tampoco me llama mucho la atención Se me ocurrió y lo escribí Cuando tengo una idea procuro escribirla porque sino se me olvida y puede que se pierda en un universo difuso y lejano. Me gusta escribir. No se si se me da bien o mal, pero disfruto mucho con ello. Creo hasta que con el tiempo he mejorado bastante mi expresión. Ahora parece como si la forma de escribir fuera mas natural y flexible, los primeros textos que escribí tenían un tono un poco agarrotado y precavido.

El titulo del post de hoy no tiene que ver con todo lo que he escrito hasta ahora, sino con lo que ha pasado en estos últimos tres días El viernes decidí irme contigo a Asturias. Tu y yo sabíamos que lo necesitábamos Poco me importo el tono interrogante de mis padres, con ligero matiz de desaprovación y dándome a entender lo irresponsable que soy. Seguro que piensan ”que chico, en plenos exámenes y haciendo estas locuras” Pues si, quizás tengan razón Dicen que los locos viven mas felices, bien por mi.

Lo cierto es que estos días han sido geniales. No solo por el tiempo, que nos ha acompañado en todo momento, sino por la tranquilidad que se respira en esos lugares mágicos El mar adquiría mil y una tonalidades dentro de la gama que va desde el azul ligeramente oscuro hasta el cían En ciertos momentos podía parecer que estábamos en el Caribe mas que en el norte de España. El camping estaba prácticamente vacío y con su tranquilidad habitual. Las laderas verdes y salpicadas por distintas plantas con flores que yo jamas había visto. Flores de todos los colores: amarillas, azules, violetas, blancas, naranjas y rojas, que yo recuerde ahora. Incluso vimos calas salvajes en la ladera que bajaba a una playa cercana a Pendueles. A mi eso me sorprendió bastante porque solo las había visto en los jardines de mi abuela y en las floristerías, nunca imagine que una flor tan delicada pudiera nacer entre zarzas y ortigas. El aire cálido acariciaba el cuerpo y el sol se colaba por nuestros poros para ayudarnos con la síntesis de la vitamina D. Quizás debimos sintetizar demasiada por eso no parábamos de reírnos y hacer bobadas.

Por la noche el mundo cambia. El color desaparece y las gamas van desde el negro hasta el infinito. La cafetería se distingue en la oscuridad como un barco en medio del océano Las luces se apagan a las doce y solo nos alumbra la tenue luz de la luna. El secreto de la noche no es desvelado. Miles de estrellas palpitan sobre nosotros, son tantas que la sensación de sentirse enanos es inevitable. Yo, intentando hacer alarde de mi sabiduría científica, te conté la pantomima de lo que ocurre cuando una estrella muere. En algún lugar del horizonte adivinamos una estrella que parecía ser roja, después desapareció, yo te conté que habíamos presenciado un momento histórico: el estallido de una supernova. Tu te lo creíste y hasta yo también, la sidra nos hizo mas crédulos de lo normal. Al día siguiente, cuando la noche ya había cubierto todo con su manto negro, la estrella desaparecida brillo con mas fuerza que el día anterior. Como astrónomo no creo que tuviera mucho futuro pero mi imaginación llega mas haya del lucero del alba.

Una parte de mi se que siempre se encuentra vagando por esos lugares. Casi todos los días recuerdo en mi mente los acontecimientos vividos allí Las emociones se me agolpan y hasta a veces se me escapa alguna lágrima pensando en lo feliz y libre que allí me siento. Creo, aunque pueda parecer una tontería, que allí me siento mas vivo, mas conectado con una especie de energía

Las plantas, los animales y la tierra no entienden de días de la semana, solamente siguen un ciclo marcado por las estaciones. La muerte sirve de sustrato para la vida y viceversa, la materia esta en constante movimiento. Pero es solo allí donde percibo esas sensaciones. Aquí, en mi casa de hormigón y cemento, la energía no penetra estas gruesas paredes. Me siento uno mas de las veintiocho familias con las que comparto el edificio y las caras aburridas y feas de algunos de ellos me aburren a mi aun mas.

Vine hace dos días y ya estoy pensando en volver. Hay Asturias patria quería, cuanto te echamos de menos.

¡Hasta la próxima!